Comisiones

PROYECTO DE VIDA RELIGIOSA APOSTÓLICA.
Provincia Andina SS.CC. . Compuesta por Colombia-Puerto Rico, Ecuador y Perú.
 
 

La Congregación de los Sagrados Corazones, presente en Colombia-Puerto Rico, Ecuador y Perú, se une en una nueva Provincia. En estos países la vida y la misión de la Congregación han dado muchos frutos a través de hermanos y comunidades que han servido a la causa del Evangelio con pasión y entrega en medio del Pueblo de Dios que les ha sido encomendado. En estos momentos de nuestra historia, conscientes de nuestra realidad frágil, pero llena de oportunidades, queremos juntos, como una sola entidad dentro de la Congregación, seguir haciendo del Evangelio nuestra única pasión viviendo en comunidades fraternas, orantes y misioneras en medio de los empobrecidos y marginados de nuestras sociedades. Para hacer realidad estos propósitos, es oportuno realizar una planificación acorde a las exigencias de nuestros tiempos y a los requerimientos de la Provincia.  En ese sentido, el principal objetivo que apuntamos con la reestructuración de nuestras comunidades es:

Revitalizar la vida y la misión de los hermanos Sagrados Corazones en los distintos ámbitos y áreas en los que estamos presentes

 

De tal modo que podamos seguir ofreciendo, en las circunstancias actuales y con los recursos con que contamos, el servicio de calidad que la Congregación está llamada a aportar a la Iglesia y a la sociedad, allá donde esté presente. Con tal fin a través de los siguientes objetivos específicos nos proponemos:

  1.Mejorar la calidad de nuestra vida religiosa en nuestras comunidades, reforzando nuestra vida interna en sus distintas dimensiones mediante una conversión espiritual permanente.

  2.Centrar nuestras vidas y comunidades en Jesucristo para ser más fieles a su llamado y a la misión que nos encomienda de manera renovada, creativa y audaz.

 3.Crear estructuras de gobierno capaces de animar la vida y misión de nuestras comunidades.

Esta reestructuración debe ser vista en una perspectiva de fe. Debe responder a la forma que Dios quiere hoy para conducir a la Provincia a una regeneración para que tenga sentido el futuro, de modo que, responda a los desafíos de sus miembros y responda a las necesidades que padecen nuestros hermanos en la sociedad actual.

Por otro lado, el servicio de calidad en la animación que pretendemos alcanzar se verá plasmado en la provisión de superiores y responsables de obras, la formación de comunidades viables, el desarrollo humano de las comunidades, el cuidado de los hermanos mayores y enfermos, en el equilibrio de múltiples tareas y responsabilidades entre los hermanos.

Las dimensiones consideradas para conseguir los objetivos planteados son las siguientes:

 

1. LA CENTRALIDAD DE JESUS Y SU EVANGELIO

En Cristo encontramos todo, su nacimiento, su vida y su muerte: he ahí nuestra regla  (Buen Padre)

Todos los esfuerzos de fidelidad creativa y de reorganización de nuestras comunidades deben partir de una identidad que hunda sus raíces en la persona de Jesucristo: origen y meta de nuestra consagración. Debe ser una experiencia que fascine e invite a la conversión continua, como plantea el Buen Padre. Por otra parte, en Jesús, camino, verdad y vida descubrimos el verdadero rostro de Dios Padre que nos ama y nos ha dado una responsabilidad y, por medio del Espíritu, un carisma y una misión. Él es el único absoluto.

La convicción de que Jesús nos ha llamado y está en medio de nosotros nos da alegría, esperanza, audacia y capacidad para abandonar estructuras caducas y obsoletasEsta centralidad de Cristo marcará todas las dimensiones de nuestra vida religiosa Sagrados Corazones.

 

2.UNA COMUNIDAD DE HERMANOS

"Sé atento con los que te rodean, sobre todo con los más débiles, con los enfermos o los de edad más avanzada. Manifiesta a todos, con delicadeza y respeto, el profundo afecto que les profesas en el Corazón de Cristo. Has de saber comprender y no dejar solo a un hermano que sufre..." (RV No. 36; Const. No 39 y 40).

Una comunidad de hermanos tiene su fuente en Dios. La relación filial que Jesús tenía con su Padre es el modelo de los lazos íntimos que unen a sus seguidores en el Espíritu. Pues su fuente está en Dios, y toda comunidad es en el fondo un don y una tarea que se hará posible a través del amor de Dios que obra en cada uno de los hermanos por medio de su Hijo Jesús.

La verdadera comunidad pide estar con y ser para el otro. Supone interés y preocupación por el otro, su familia, trabajo, salud, fatigas, necesidades, inquietudes, desarrollo y felicidad.

 

3. NUESTRA MISIÓN

Nuestra vida y testimonio debe transmitir la alegría del Evangelio. (EG, 1-8.) Para que el Reinado de Dios se haga presente, buscamos la transformación del corazón humano y procuramos ser agentes de comunión en el mundo. En solidaridad con los pobres trabajamos por una sociedad justa y reconciliada. (Const. N° 6).

Nos consagramos para la misión encomendada por Jesús, ya que como a Él nos conmueve la situación de nuestros pueblos explotados, maltratados. Por eso anunciamos  la Buena Noticia de la liberación y salvación en Jesucristo. (Cfr. Mt. 4, 23)

La riqueza de la diversidad de ser una sola Provincia en cuatro países nos presenta desafíos que dinamizan nuestra misión y nos obligan a una mayor creatividad y disponibilidad que respetando los procesos locales, nos impulsen a ir más allá de lo ya establecido.

 

4.  FORMACIÓN INICIAL

La formación deberá tener las características de la iniciación al seguimiento radical de Cristo. Sabemos que el fin de la vida consagrada consiste precisamente en la conformación con Jesucristo, por lo tanto es necesario poner en marcha un itinerario de progresiva asimilación de los sentimientos de Cristo hacia el Padre y hermanos (Cfr. Vita Consecrata, 65). Esto ayudará a integrar conocimientos teológicos, humanísticos y técnicos con la vida espiritual y misionera de la Congregación y conservará siempre la característica de escuela de formación integral que abarca todas las dimensiones de la persona. Por otro lado, en un tiempo de profundas transformaciones, la formación deberá estar atenta a arraigar en el corazón de los jóvenes los valores humanos, espirituales y carismáticos necesarios, que los hagan aptos para vivir una fidelidad dinámica, acorde con la tradición espiritual y misionera de la Congregación. (Cfr. Caminar desde Cristo, 18).

5. FORMACIÓN PERMANENTE

La formación permanente es un factor decisivo de renovación y de conversión para la Congregación en su conjunto y para que su misión responda eficazmente a los desafíos que le plantean la Iglesia y un mundo en continua transformación. (Const. N° 85, 2)

El sentido fundamental de la formación permanente es la necesidad de cultivar y revitalizar continuamente el don de la propia vocación religiosa.

 

6. PASTORAL VOCACIONAL

El testimonio evangélico de nuestras comunidades debe ser la invitación más eficaz para que otros, especialmente jóvenes, se acerquen a nosotros, conozcan mejor nuestra vida y puedan llegar a hacer suyo nuestro modo de seguir a Jesús. (Const. N° 68 y 69, 1)

La Pastoral Vocacional es responsabilidad y tarea de todos. Nada es más lógico y coherente en la vocación religiosa y sacerdotal que engendrar vocaciones. Frente a esto cada comunidad está invitada a ser atractiva, creativa y que ayude a los jóvenes a descubrir el don que Dios puso en ellos. Para ello, es necesario abrir nuestras comunidades y apostolados a los jóvenes que están en búsqueda del sentido de sus vidas. Si sienten el llamado de Jesús para continuar su misión salvadora en la Iglesia, alegrémonos juntos y acompañémoslos en su discernimiento y decisión.

 

 

​7.  ECONOMÍA

“La administración de nuestros bienes, al igual que toda nuestra vida, ha de ser signo y testimonio de la vida evangélica”. (Const. No 141 y 142).

La vida religiosa no puede realizar bien su misión, sin los debidos recursos económicos, los cuales, deben estar siempre orientados al servicio de la misión. A su vez, conviene recordar que la gestión económica no tiene que ver solamente con la pobreza, sino con la obediencia, ya que hay leyes de la Iglesia, de la Congregación y del Estado que hay que seguir; asimismo, con la castidad ya que no puede faltar una gran libertad del corazón para que los bienes se pongan al servicio de la persona humana (Cfr. Asamblea General USG, Economía y misión en la vida religiosa hoy. Doc. 60, 26).En efecto, todos los hermanos en la posibilidad de trabajar participarán corresponsablemente en la obtención de los recursos necesarios para la vida de la comunidad.